Teorías explicativas o descriptivas de la victimización
Teorías explicativas o descriptivas de la
victimización
Ilustración
1:
El proceso de victimización en la violencia de género (ISFAP, s. f.).
La
victimización no se trata de un accidente moral que cae del cielo sobre sujetos
pasivos; es un proceso socialmente producido, distribuido y, muchas veces,
administrado por instituciones. Por eso, cuando se habla de teorías
explicativas o descriptivas de la victimización, no es suficiente con enumerar
modelos; hay que cuestionarse qué muestran, qué ocultan y qué tipo de
intervención legitiman.
Específicamente,
en esta entrada, se orienta a comprender integralmente a quienes sufren daños
comparables a los del delito (incluido el abuso de poder), estas teorías
funcionan estructuralmente ya que enfocan ciertas dinámicas (oportunidad,
exposición, control social) y desenfocan otras (desigualdad, silenciamiento,
impunidad).
De
acuerdo con lo comprendido en la lectura de los autores Villacampa, Cerezo
& Gómez (2019); las teorías situacionales nacen de una intuición empírica:
el riesgo de ser víctima no se reparte de forma uniforme. Si fuera aleatorio,
la victimización aparecería distribuida de manera homogénea en la población;
sin embargo, diversos estudios han demostrado que tiende a concentrarse en
determinados grupos sociales, territorios y rutinas cotidianas, lo que
evidencia que la exposición a ciertos contextos incrementa las probabilidades
de sufrir un delito (p. 47).
Para
comprender de forma más clara cómo se conceptualiza la victimología y el
proceso de victimización dentro de la criminología contemporánea, resulta útil
complementar el análisis teórico con materiales audiovisuales que expliquen
estos conceptos desde una perspectiva didáctica. El siguiente video presenta
una explicación introductoria sobre la victimología, abordando su objeto de
estudio, la importancia del análisis de la víctima en el fenómeno criminal y
las principales perspectivas que han permitido comprender el papel de las
personas afectadas por el delito.
Video
1:
Teoría de la victimización (Peréz, 2023).
Desde
ese norte, se despliegan los modelos de estilo de vida y actividades
cotidianas. Ambos parten de la exposición (lo que hacemos, con quién nos vemos,
a qué horas circulamos y qué espacios habitamos) esto modifica la probabilidad
de encuentro entre el infractor motivado, una víctima disponible y una ausencia
de guardianes.
Su
fortaleza es metodológica, ya que, permite medir, comprar y anticipar patrones;
son útiles para diagnósticos territoriales, prevención ambiental y diseño de servicios
(iluminación, transporte, acompañamiento, vigilancia comunitaria). Sin embargo,
su debilidad aparece cuando se convierten en moralización; si “exposición” se
traduce en “culpa”, la teoría deja de describir y pasa a disciplinar.
Por lo
tanto, e ahí la necesidad de una lectura ética (la exposición no es una elección
libre para todos). La movilidad, el trabajo nocturno, el uso de transporte
público, el hacinamiento residencial o la permanencia en espacios inseguros
suelen estar mediados por clases, género, edad y condición migratoria.
Proponer
o hacer recomendaciones tipo, cambie su estilo de vida, como receta universal
puede ser, en realidad, una forma elegante de exigirle a la víctima que pague
el costo de un entorno desigual. En cambio, una propuesta propositiva es
diferente; usar estas teorías para identificar dónde el Estado y la comunidad
deben poner vigilancia efectiva (infraestructura, rutas seguras, redes
barriales, atención pronta), esto para no trasladar la responsabilidad al
individuo.
El
modelo de oportunidad y sus variantes (incluidos desarrollos como el llamado
modelo holandés) profundizan el componente situacional (no todo infractor busca
cualquier víctima; la selección tiende a maximizar beneficios y minimizar
riesgos).
Asimismo,
se introduce un lenguaje de “atractividad del blanco” (valor, visibilidad, accesibilidad)
y “capacidad de defensa” (autoprotección, acompañamiento, tecnologías). Bien
utilizado, ayuda a prevenir sin criminalizar; por ejemplo, políticas de
seguridad digital que reduzcan la exposición a fraudes sin estigmatizar a
adultos mayores, o estrategias para disminuir robos en rutas laborales sin
culpabilizar a quienes trabajan en economías precarias.
Por el
contrario, mal utilizado, reinstales la lógica de “víctima ideal” (quien no
encaja en el molde de inocencia perfecta recibe menos credibilidad, menos
atención y, a veces, menos justicia.
Las aproximaciones
críticas cambian el foco: preguntan cómo se produce socialmente la categoría de
víctima. La victimología crítica (cercana a la teoría del etiquetamiento)
recuerda que ser reconocido como víctima depende de poder simbólico e
institucional.
Desde las perspectivas críticas de la victimología se advierte que la victimización no solo surge del delito común, sino también de estructuras de poder que generan daños sociales profundos. En este sentido, los autores Hernández, Zamora y Rodríguez (2020) indican que “el segundo comprende la victimización por abuso del poder político, económico y religioso” (p. 394); ampliando el campo de análisis de la victimología al incorporar fenómenos estructurales que históricamente han quedado fuera de la mirada penal tradicional.
Hay
dolores que se cuentan y dolores que se archivan; hay daños que nombran delito
y daños que se normalizan como riesgos del mercado, costos de la política o
tradición religiosa. Este enfoque es indispensable para el objetivo del presente
blog, porque incorpora la macrovictimización: abusos estatales, violencia
estructural, explotación económica y discriminación que generan daños
equivalentes a los del delito común; su aporte propositivo es doble: ampliar el
campo de lo visible (quiénes son víctimas) y reformar la respuesta institucional
(cómo se repara).
El
modelo del enfrentamiento social (o conflicto) aporta una advertencia: la victimización
también es efecto de relacionades de poder. No es casual que ciertos grupos
vivan con más vigilancia policial y, simultáneamente, menos protección
efectiva: ni que ciertas violencias, por ejemplo, las que ocurren en espacios
privados o en mercados laborales informales, reciban respuestas tardías.
Por lo
cual, esta teoría permite comprender que la victimización puede ser subproducto
de desigualdades: barrios marginales, juventudes racializadas, mujeres
expuestas a violencia de pareja, poblaciones LGBTIQ+ expulsadas de redes de
apoyo. En términos de política pública, sugieres que reducir victimización
exige algo más que patrullaje; requiere derechos sociales, acceso a vivienda, educación,
salud mental, empleo digno y justicia accesible.
La
teoría del uso legitimador de la víctima introduce un problema incómodo; el dolor
puede convertirse en capital político. Algunas agendas invocan a “las víctimas”
para justificar la expansión punitiva, recortes de garantías y simplificaciones
mediáticas. El riesgo aquí es instrumentalizar sufrimientos para construir
consenso sobre medidas que no necesariamente reparan, previenen o protegen.
La propuesta
crítica no es restarle centralidad a la víctima, sino blindarla de usos
populistas: políticas basadas en evidencia, participación de organizaciones de
víctimas y evaluación; donde se cuestione si: ¿disminuye los daños? ¿reduce victimización
institucional? ¿mejora el acceso a la reparación?
Para
integrar estas teorías en una comprensión integral conviene mirarlas como
niveles de explicación. En el nivel micro, estilo de vida y rutina ayudan a
entender exposiciones y oportunidades inmediatas. En el meso, el enfoque de
oportunidad permite diseñar planes de vigilancia y reducir los llamados puntos
calientes. En el macro, las perspectivas críticas y de conflicto revelan por
qué ciertas vidas son más vulnerables y por qué algunos daños no se reconocen.
La
victimología profesional no puede elegir únicamente un nivel, si se queda en lo
situacional, corre el riesgo de responsabilizar a la víctima; si se queda en lo
estructural, puede perder capacidad operativa para prevenir en el corto plazo;
por lo que el reto es articular.
Una
síntesis propositiva para la práctica criminológica es adoptar un principio de
doble responsabilidad: la persona puede fortalecer su autoprotección sin que
ello se convierta en exigencia moral, mientras el Estado y la comunidad asumen
la obligación de reducir riesgos, proteger derechos y reparar daños. En esa
lógica, las teorías no se usan para juzgar, sino para mapear: ¿dónde se
concentra el riesgo?, ¿qué rutinas son impuestas por la desigualdad?, ¿qué instituciones
revictimizan?, ¿qué daños quedan fuera del radar penal?, ¿qué mecanismos de reparación
son realistas? La victimización, entonces, deja de ser un hecho aislado y se
convierte en una señal diagnóstica del tipo de sociedad que estamos
construyendo.
Referencias
Hernández Gómez, Y., Zamora Hernández, A. &
Rodríguez Febles, J. (2020). La victimización. Consideraciones
teórico-doctrinales. Derecho y Cambio social, N° 61. Recuperado de https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=536712
ISFAP. (s. f.). El proceso de victimización
en la violencia de género. [Ilustración, 1]. Recuperado de https://isfap.com/proceso-victimizacion-violencia-de-genero/
Pérez, M. (2023). Teoría de la victimización.
Holística de Riesgos. [Video, YouTube]. Recuperado de https://youtu.be/7TUdMlQg0zw?si=fzZowJ7Vwqnr0FZ0
Villacampa Estiarte, C., Cerezo Dominguez, A.
& Gómez Gutierres, M. (2019). Introducción a la victimología.
Colección Criminología- Manuales. Recuperado de https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495526


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